
ESTRELLAS DEL MAR
Todas las mañanas, el escritor, para inspirarse, salía a pasear por la orilla antes de empezar su trabajo.
A lo lejos, un joven parecía estar bailando... Corría hacia el mar, levantaba los brazos, daba la vuelta y volvía a repetir el movimiento una y otra vez.
ESCRITOR ¿Qué estará haciendo ese muchacho? Iré a ver…
El escritor caminó hacia el joven y vio que estaba recogiendo algo de la arena y luego lo echaba al agua.
Ya más cerca, observó que el joven tomaba estrellas de mar y corría hasta el agua para arrojarlas tan lejos como pudiera.
ESCRITOR Buen día, muchacho. ¿Qué estás haciendo?
NIÑO Salvo estrellas de mar.
ESCRITOR (SE RÍE) ¿Cómo que salvas estrellas?
NIÑO Sí, la marea de la noche las bota aquí en la arena. Cuando amanece, yo las devuelvo al mar, antes que el sol las achicharre y se mueran.
ESCRITOR Pero eso no tiene sentido, muchacho. En estos momentos debe haber miles, millones de estrellas que quedaron fuera del agua.
NIÑO ¿Y?
ESCRITOR ¡Jamás podrás salvarlas a todas!... No tiene sentido.
El joven se detuvo sólo un instante, miró la estrella que llevaba en la mano, giró, y con un movimiento parecido a un baile, la devolvió al océano. Luego, le dedicó al escritor su mejor sonrisa…
NIÑO Para esa estrella… sí tuvo sentido.
El joven, entusiasmado, continuó la tarea. El escritor movió su cabeza, completó la caminata y fue a continuar su novela. Sin embargo, algo lo inquietaba, lo distraía…
NIÑO (REVER) Para esa estrella… sí tuvo sentido.
A la mañana siguiente, muy temprano, unos pescadores vieron con asombro a dos personas, una mayor y otra más joven, que parecían bailar junto a la playa... Corrían hacia el mar, levantaban sus brazos, daban la vuelta, y volvían a repetir el movimiento una y otra vez...
Piensa globalmente, actúa localmente.
Todas las mañanas, el escritor, para inspirarse, salía a pasear por la orilla antes de empezar su trabajo.
A lo lejos, un joven parecía estar bailando... Corría hacia el mar, levantaba los brazos, daba la vuelta y volvía a repetir el movimiento una y otra vez.
ESCRITOR ¿Qué estará haciendo ese muchacho? Iré a ver…
El escritor caminó hacia el joven y vio que estaba recogiendo algo de la arena y luego lo echaba al agua.
Ya más cerca, observó que el joven tomaba estrellas de mar y corría hasta el agua para arrojarlas tan lejos como pudiera.
ESCRITOR Buen día, muchacho. ¿Qué estás haciendo?
NIÑO Salvo estrellas de mar.
ESCRITOR (SE RÍE) ¿Cómo que salvas estrellas?
NIÑO Sí, la marea de la noche las bota aquí en la arena. Cuando amanece, yo las devuelvo al mar, antes que el sol las achicharre y se mueran.
ESCRITOR Pero eso no tiene sentido, muchacho. En estos momentos debe haber miles, millones de estrellas que quedaron fuera del agua.
NIÑO ¿Y?
ESCRITOR ¡Jamás podrás salvarlas a todas!... No tiene sentido.
El joven se detuvo sólo un instante, miró la estrella que llevaba en la mano, giró, y con un movimiento parecido a un baile, la devolvió al océano. Luego, le dedicó al escritor su mejor sonrisa…
NIÑO Para esa estrella… sí tuvo sentido.
El joven, entusiasmado, continuó la tarea. El escritor movió su cabeza, completó la caminata y fue a continuar su novela. Sin embargo, algo lo inquietaba, lo distraía…
NIÑO (REVER) Para esa estrella… sí tuvo sentido.
A la mañana siguiente, muy temprano, unos pescadores vieron con asombro a dos personas, una mayor y otra más joven, que parecían bailar junto a la playa... Corrían hacia el mar, levantaban sus brazos, daban la vuelta, y volvían a repetir el movimiento una y otra vez...
Piensa globalmente, actúa localmente.








